domingo, 21 de enero de 2007

Facundo Cabral - No estás deprimido, estás distraído


No estas deprimido, estas distraído



Por: Facundo Cabral



No estás deprimido, estás distraído, distraído de la vida que te puebla. Distraído de la vida que te rodea: Delfines, bosques, mares, montañas, ríos.


No caigas en lo que cayó tu hermano, que sufre por un ser humano cuando en el mundo hay 5,600 millones. Además, no es tan malo vivir solo. Yo la paso bien, decidiendo a cada instante lo que quiero hacer, y gracias a la soledad me conozco; algo fundamental para vivir. No caigas en lo que cayó tu padre, que se siente viejo porque tiene 70 años, olvidando que Moisés dirigía el éxodo a los 80 y Rubistein interpretaba como nadie a Chopin a los 90. Sólo citar dos casos conocidos.


No estás deprimido, estás distraído, por eso crees que perdiste algo, lo que es imposible, porque todo te fue dado. No hiciste ni un sólo pelo de tu cabeza por lo tanto no puedes ser dueño de nada. Además la vida no te quita cosas, te libera de cosas. Te aliviana para que vueles más alto, para que alcances la plenitud. De la cuna a la tumba es una escuela, por eso lo que llamas problemas son lecciones. No perdiste a nadie, el que murió simplemente se nos adelantó, porque para allá vamos todos. Además lo mejor de él, el amor, sigue en tu corazón. ¿Quién podría decir que Jesús está muerto? No hay muerte: hay mudanza. Y del otro lado te espera gente maravillosa: Gandhi, Che Guevara, Whitman, San Agustín, la Madre Teresa, tu abuela y mi madre, que creía que la pobreza está más cerca del amor, porque el dinero nos distrae con demasiadas cosas, y nos aleja por que nos hace desconfiados.


Haz sólo lo que amas y serás feliz, y el que hace lo que ama, está benditamente condenado al éxito, que llegará cuando deba llegar, porque lo que debe ser será, y llegará naturalmente. No hagas nada por obligación ni por compromiso, sino por amor. Entonces habrá plenitud, y en esa plenitud todo es posible. Y sin esfuerzo porque te mueve la fuerza natural de la vida, la que me levantó cuando se cayó el avión con mi mujer y mi hija; la que me mantuvo vivo cuando los médicos me diagnosticaban 3 ó 4 meses de vida. Dios te puso un ser humano a cargo, y eres tú mismo. A ti debes hacerte libre y feliz, después podrás compartir la vida verdadera con los demás. Recuerda a Jesús: "Amarás al prójimo como a ti mismo". Reconcíliate contigo, ponte frente al espejo y piensa que esa criatura que estás viendo es obra de Dios; y decide ahora mismo ser feliz porque la felicidad es una adquisición.


Además, la felicidad no es un derecho sino un deber porque si no eres feliz, estás amargando a todo el barrio. Un sólo hombre que no tuvo ni talento ni valor para vivir, manda a matar seis millones de hermanos judíos. Hay tantas cosas para gozar y nuestro paso por la tierra es tan corto, que sufrir es una pérdida de tiempo. Tenemos para gozar la nieve del invierno y las flores de la primavera, el chocolate de la Perusa, la baguette francesa, los tacos mexicanos, el vino chileno, los mares y los ríos, el fútbol de los brasileros, Las Mil y Una Noches, la Divina Comedia, el Quijote, el Pedro Páramo, los boleros de Manzanero y las poesías de Whitman, Mäiller, Mozart, Chopin, Beethoven, Caraballo, Rembrandt, Velásquez, Picasso y Tamayo, entre tantas maravillas.


Y si tienes cáncer o SIDA, pueden pasar dos cosas y las dos son buenas; si te gana, te libera del cuerpo que es tan molesto: tengo hambre, tengo frío, tengo sueño, tengo ganas, tengo razón, tengo dudas ... y si le ganas, serás más humilde, más agradecido, por lo tanto, fácilmente feliz. Libre del tremendo peso de la culpa, la responsabilidad, y la vanidad, dispuesto a vivir cada instante profundamente como debe ser.


No estás deprimido, estás desocupado. Ayuda al niño que te necesita, ese niño será socio de tu hijo. Ayuda a los viejos, y los jóvenes te ayudarán cuando lo seas. Además el servicio es una felicidad segura, como gozar a la naturaleza y cuidarla para el que vendrá. Da sin medida y te darán sin medidas.


Ama hasta convertirte en lo amado, más aún hasta convertirte en el mismísimo amor. Y que no te confundan unos pocos homicidas y suicidas, el bien es mayoría pero no se nota porque es silencioso, una bomba hace más ruido que una caricia, pero por cada bomba que le destruyan hay millones de caricias, que alimentan la vida.


lunes, 15 de enero de 2007

Joaquín Sabina - Hay Mujeres



Hay mujeres que arrastran maletas cargadas de lluvia,

hay mujeres que nunca reciben postales de amor,

hay mujeres que sueñan con trenes llenos de soldados,

hay mujeres que dicen que sí cuando dicen que no.


Hay mujeres que bailan desnudas en cárceles de oro,

hay mujeres que buscan deseo y encuentran piedad,

hay mujeres atadas de manos y pies al olvido,

hay mujeres que huyen perseguidas por su soledad.


Hay mujeres veneno, mujeres imán,

hay mujeres de fuego y helado metal,

hay mujeres consuelo, hay mujeres consuelo,

hay mujeres consuelo, mujeres fatal.


Hay mujeres que tocan y curan, que besan y matan,

hay mujeres que ni cuando mienten dicen la verdad,

hay mujeres que exploran secretas estancias del alma,

hay mujeres que empiezan la guerra firmando la paz.


Hay mujeres envueltas en pieles sin cuerpo debajo,

hay mujeres en cuyas caderas no se pone el sol,

hay mujeres que van al amor como van al trabajo,

hay mujeres capaces de hacerme perder la razón.


(JOAQUIN SABINA)

sábado, 13 de enero de 2007

Ismael Serrano - Yo quiero ser muy promiscuo



Yo quiero ser muy promiscuo, cual mis hermanos mayores,

tocar nalgas, tocar pechos, con todas las precauciones.

Yo quiero ser muy promiscuo, como todos mis amigos,

ya que de un tiempo a esta parte, no duermo si no me fustigo.


Ahora que dice la tele que la juventud actual,

pasando una etapa de desenfreno sexual,

y que ni el SIDA ni el Papa han conseguido evitar

que tiernos mozos y mozas se den al goce de amar.


Y por eso yo te digo que quiero ser muy promiscuo,

y revolverme en el lodo del pecado original,

porque estoy un poco harto del pecadillo de Onán.


Yo quiero ser muy promiscuo, como el eximio escritor,

y fiel votante del PP, Fernando Sánchez Dragó,

que ha gozado de mujeres, no de una sino de un millón,

y cada una diferente, que creo que es mucho mejor.


Yo quiero ser muy promiscuo, pero resulta cansado,

lo sé porque me lo ha dicho alguien muy documentado.

Yo la verdad de estas cosas hablo más por referencia,

ya que mi prima Paulina es mi única experiencia.


Pero ya estoy decidido a seguir por esta senda,

de desenfreno y orgía, de cachondeo y de juerga,

y voy a dejar muy claro a mis dos progenitores:

"Yo salgo del seminario por poderosas razones".


Y por eso yo te digo que quiero ser muy promiscuo,

y revolverme en el lodo del pecado original,

porque estoy un poco harto del pecadillo de Onán.


Yo quiero ser muy promiscuo, no quiero novia ni nada,

sólo relaciones cortas con niñas desenfadadas,

con niñas desenfadadas, con niñas desenfadadas.




(Ismael Serrano - Yo quiero ser muy promiscuo)


Canción extraida de su primer disco llamado "Atrapados en Azul" publicado en 1997

Silvio Rodriguez por Mario Benedetti



Por muchas razones, y hasta sinrazones, Silvio Rodríguez es un cantante fuera de serie. Cofundador, con Pablo Milanés, Noel Nicola, Vicente Feliú, Eduardo Ramos, Sergio Vitier (y aunque nadie sabe quién la bautizó así) de la Nueva Trova, ha aportado su indudable prestigio a un movimiento que revitalizó la canción cubana y la catapultó en el plano internacional. No obstante, aún dentro de un núcleo tan fermental, con el que siempre se sintió plenamente identificado, Silvio es un talante inconfundible.


Curiosamente, su voz no es cálida ni grave ni particularmente seductora, sino más bien aguda, de un timbre casi metálico y sin embargo frágil. Al escucharlo, uno llega a temer que en cualquier momento se le quiebre, y ese riesgo ( que en su caso no es deliberadamente buscado sino más bien lo asume como algo irremediable) también forma parte de su extraño atractivo. Con características que en cualquier otro cantante serían anticarismáticas, Silvio funda precisamente su carisma.


Quizá el secreto resida en que siempre transmite una gran sinceridad, una honestidad a toda prueba, un no aparentar lo que no es, y, en estos tiempos de famas prefabricadas, de engendros de la machacona y mistificadora publicidad, esa actitud, a la que el público accede sin intermediarios, significa una bocanada de aire fresco en un ámbito, como el del espectáculo, por lo común tan especulativo como artificial. Salvo en casos excepcionales, Silvio es autor de la letra y la música de sus canciones.


Como en los ejemplos de Pablo Milanés, Chico Buarque. Viglietti, Serrat, Aute y no muchos más, esa doble autoría otorga a sus producciones una unidad esencial. Sean o no el resultado de un desarrollo paralelo, letra y música aparecen como gemelas (jimaguas, diría en Cuba), copartícipes en el acto de la parición.


Fundamentalmente, las letras de Silvio, sobre todo las que crea a partir de una duramente adquirida madurez, tienen un nivel textual tan afortunado que (algo no demasiado frecuente en los cantores populares) conservan su validez política aun sin el básico soporte de la música. Alguna vez he sostenido, y su trayectoria posterior corrobora ni diagnóstico marginal, que Silvio es un poeta que canta, y más aun: que es uno de los poetas más talentosos de su generación. Siempre recordaré como conocí a Silvio y a Pablo en La Habana, allá por el año 1966. Era mi primera visita a Cuba.


Unos amigos me habían invitado a cenar en su casa y me anunciaron que más tarde vendrían dos cantantes muy jóvenes, todavía casi desconocidos. Por fin llegaron con sus guitarras y cantaron cinco o seis canciones cada uno. Tuve la rara sensación de que asistía a un viraje importante de la canción cubana: por un lado estaba presente la tradición trovadoresca, y por el otro una propuesta asombrosamente innovadora, que transformaba, enriqueciéndolos, los ritmos heredados e insertaba en las letras un sentido tan comunicativo como el de la poesía conversacional, entonces en pleno desarrollo en América Latina.


Varios años después, escuchándolos de nuevo en textos y música de más rigurosa factura, les pedí que cantaran aquellas letras primigenias que les había escuchado en el 66. Pero no las recordaban. Lo cierto es que en ese lapso habían creado tan frenéticamente nuevos cantos, que aquellos iniciales, tan importantes para mí, habían sido cubiertos por su propio olvido. Este libro de Joseba Sanz tiene un valor inapreciable: inserta la obra del cantante en su vida, las sigue a ambas paso a paso, estrofa a estrofa.


No es sólo una cronología ampliada, sino un curriculum espiritual, una efemérides de estado de ánimo. Por primera vez el oyente de Silvio podrá aquilatar no sólo una ruta artística sino también un recorrido vital. Podrá comprobar así que el mayor compromiso (palabra hoy tan subestimada por la dejadez postmodernista) de Silvio es con la vida, a la que no canta de lejos sino metida en ella hasta en los tuétanos. Participando en la campaña de alfabetización, embarcando hasta África en el barco pesquero Playa Girón, empuñando un fusil para defender su Revolución, arriesgando su vida en Angola, cantándole al amor desde el amor, aprendiendo a tratar de igual a igual a las mujeres de su vida, creciendo con sus hijos, la trayectoria de Silvio es el hilo conductor de su canto, y cuando los públicos, leales y fervientes, de cualquiera de los tres mundos, lo aplauden con denuedo y naturalidad, no sólo están premiando su arte, también su coherencia, su fidelidad a la Revolución y a sí mismo, su capacidad de trabajo y su rigor, su calidad humana.


Silvio nunca será un mito; no viaja con su pedestal a cuestas. Sus públicos lo saben y tal vez por eso lo tratan como a un querido y sencillo compañero, que les canta y les dice las felicidades y las desdichas que ellos también quisieran cantar y decir tan entrañablemente como él.



Mario Benedetti

viernes, 12 de enero de 2007

Entre Pairos y Derivas


Te he venido suponiendo en todos los días que me faltan tal cual si, pudiera verlos como son. Sólo quiero resumirte que al principio te pensaba y que hoy contemplo en ti la costa a donde voy. Si te cuento que esta unión de dulce y sal me sujetó y otras cosas parecidas que me envuelven y me dan de imaginar. Es que me deleito tanto escuchándome inventarte en mi prisión, es mi sueño preferido y no quisiera un día notar que este encuentro no me sucedió jamás A mí que vuelvo a amanecer para tu aliento, muchas más veces de las que hubiera confesado ayer.Que despido al sol poniente cuando he contemplado el siempre de tus ojos y por fin comienzo a ver. Que estoy dejando de callar, que te amo, que me detienes la respiración, que atraen mi vida tus puertos tiranos a donde siempre apuntó mi amante embarcación. Mi existencia, el pescador que a diario le tendió a la vida sus resplandecientes redes de ultramar donde arde el astro poeta que se ilumina a sí mismo y viaja y sueña en su eterna senda solar lugar de brisa, oleaje y días añiles que siempre estaban conduciendo a ti. Que siempre fueron signos invisibles, cursos intrazables a través de mí.Toma el timón de mi barca y el oriente de mis velas. En tu tierra firme dame una señal, se mi faro por las noches, déjame arar con mi quilla en tus arenas, remontar tu manantial. Si aguas adentro en tus labios me pierdo y no me es posible llegar a volver. Me internaré en tus senderos secretos a explorar tus fuentes, tus selvas, tu sed. Entre Pairos y derivas por los mares de mi vida, hoy me veo siempre bogando a ti.
Fernando Delgadillo (Mexicano)